Este año se cumple el 150 aniversario de su nacimiento y Viena le rinde homenaje mostrando su obra en los diferentes museos de la capital. Por mi parte, creo que continuaré dedicándole posts donde os mostraré algunas de sus obras, y por supuesto recomiendo a todo el mundo visitar la capital especialmente este año.
Empezaré por mi cuadro preferido: El eterno Beso, probablemente también el más conocido.
Expuesto en la galería Belvedere de Viena el óleo fue pintado entre 1907-1908. Una nueva interpretación dice que representa el momento en el que el dios Apolo besa a la ninfa Dafne justo en el momento en el que ella se convierte en laurel.
Personalmente, podría mirarlo durante horas, quizá por ese halo de eternidad y magia que envuelve a la pareja, insensible al paso del tiempo, inalterable ante la miseria de lo mundano.
El arbol de la vida, definido por algunos como el cuadro más simbólico (ojos que simbolizan la figura de Dios, un pájaro negro que simboliza la muerte...) de Klimt.
En la parte central y extendiéndose por todo el cuadro, el árbol que los críticos señalan representa al árbol de la sabiduría del Génesis. A la izquierda, una mujer que mira con envidia a la pareja de la derecha que se funde en un abrazo.
También es uno de mis favoritos por su expresividad. Creo que el gesto de la mujer de la izquierda expresa perfectamente lo que siente: envidia. Por otro lado, la pareja. Pienso que la intensidad de su abrazo se puede ver a través del gesto de la mujer, profundo; y de la forma de los cuerpos como encogidos por la fuerza con la que se agarran.
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