¿Puede un niño ser feliz rodeado de circunstancias que no contribuyen a ello? Con esta otra pregunta se puede decir que Jean Marc Valle nos inicia en la vida de Jacqueline (Vanessa Paradis), una joven de profesión peluquera que vive en el París de los años sesenta junto a su hijo, Laurent.
Dos historias aparentemente sin ningún nexo, el amor (la existencia de almas gemelas) y el desamor (y de alguna forma amor), la reencarnación y múltiples personajes que aportan su granito de arena en esta penetrante trama, son las diferentes piezas que encajan perfectamente en éste extraño y profundo puzzle, cuyo dibujo únicamente se hace comprensible cuando sobre el tablero se coloca la última pieza.
Una película excelente, se compartan o no algunas creencias. Perfecta para aquellos que gusten profundizar en los rincones del alma y de la mente, así como de los sueños; y sentir emociones a través de la piel de los personajes y de su evolución en la historia, aunque éstas puedan no ser siempre agradables.
Cafe de Flore también permite al espectador disfrutar de la narración de parte de las historias, de planos originales y expresivos que dan mayor intensidad a los hechos contados, así como de la música (y también silencios y voces) que se convierte en un protagonista más de la película y que igual que los planos aporta mayor fuerza a lo relatado.
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